Tuve una semana libre del trabajo por incapacidad médica. El
doctor me prescribió unas pastillas para dormir. Me ayudan un poco, no mucho.
Sigo despertando en mitad de la noche. El sueño se repite: el mensaje de texto
llega, pero no puedo leer tu nombre y ahora, también en el sueño, te veo en el
espejo del baño, pero no puedo ver tu cara. Y al despertar el aire huele a ti.
He pensado en tomar una o dos pastillas más, pero el médico dijo que no debía
abusar. Creo que la semana libre no fue una buena idea. “Mucho reposo” fue la
recomendación del galeno. Dice que es estrés, la enfermedad de moda. Pero esto
de descansar sin hacer nada me ha sentado peor. Las paredes de mi apartamento
están tapizadas con dibujos que hago de ti, de lo que vi en el espejo. Hojas de
papel, de todos los tamaños y de varios colores, unas sobre otras, contienen la
misma cabeza sin rostro que me dejó sin sentido en el baño de la oficina. Lo
único que he hecho esta semana ha sido dibujar tu cabello, tus orejas, tu
mentón, tu cuello y un par de hombros. Hay alguien tocando la puerta. ¿Eres tú?
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